
Mientras el avance del liderazgo femenino en el mundo enfrenta una fase de crecimiento lento, México se consolida como una excepción. En poco más de una década, la participación de mujeres en puestos de alta dirección en el país pasó de niveles cercanos al 18–20% a 40.5% en 2026, de acuerdo con el informe Mujeres en los Negocios 2026 de Grant Thornton.
Este crecimiento coloca a México en la octava posición a nivel global, superando a economías desarrolladas como Canadá, Francia, Australia y España, y muy por encima del promedio mundial, que se mantiene en 32.9%. A nivel regional, el país se ubica como el segundo mejor desempeño en América Latina, sólo detrás de Colombia.
La aceleración mexicana contrasta con la tendencia internacional. Mientras el mundo ha mostrado avances marginales durante los últimos años, las empresas mexicanas han logrado normalizar la presencia femenina en la toma de decisiones: sólo 3.4% de las organizaciones en el país no cuenta con ninguna mujer en su equipo directivo, frente a un 5.7% a nivel global.
Este avance no ha sido casual. El informe identifica que México ha formalizado procesos clave como reclutamiento (47%) y promociones (45%), por encima del promedio mundial, lo que explica la incorporación sostenida de talento femenino en la cima corporativa.
"Lo que estamos viendo en México no es un ajuste marginal, es un cambio estructural. En una década, las empresas mexicanas lograron duplicar la presencia de mujeres en la alta dirección, mientras que a nivel global el avance ha sido mucho más lento. Este logro es especialmente significativo en un país con una población de más de 130 millones de habitantes y donde sectores clave como servicios profesionales, comercio y finanzas están demostrando ser los más abiertos a este liderazgo femenino. Esto coloca al país en una posición relevante dentro de la conversación internacional sobre liderazgo y competitividad empresarial”, destacó Nancy Rosales, Socia de Salles Sainz Grant Thornton.
No obstante, el verdadero desafío ya no es el crecimiento, sino la consolidación y permanencia de estos logros. La experiencia global advierte que, en contextos de incertidumbre económica o transformación empresarial, el impulso de la equidad de género puede retroceder si no se arraiga como un pilar estratégico y estructural del modelo de negocio, trascendiendo la mera iniciativa para convertirse en una ventaja competitiva sostenible.