• Lo que Peaky Blinders nos puede enseñar de negocios

Lo que Peaky Blinders nos puede enseñar de negocios

Aunque antihéroe, muchas de las decisiones que toma en su carrera pueden rescatarse como pequeñas lecciones que podemos recordar y aplicar en nuestro camino.

Si bien no es el mejor ejemplo de un ciudadano recto, el personaje principal de Peaky Blinders tiene la inteligencia y la cabeza fría para convertir el negocio familiar en un imperio. ¿Cómo lo logra? Aquí lo explico.

Una de las características más valiosas de una historia bien contada es que nos ofrece una visión diferente del mundo: porque es de otra época, o porque la abordamos desde el punto de vista de protagonistas muy, muy distintos a nosotros. Aunque creados por otra persona, los protagonistas también tienen cualidades humanas con las que podemos identificarnos, a pesar de que no siempre estemos de acuerdo con ellos. Lo mejor de las historias es que podemos aprender cosas útiles de ellas mientras nos divertimos viéndolas, discutiéndolas con amigos, comentándolas en línea. 

Por eso quiero hablar de Peaky Blinders (Steven Knight, 2013), una serie inglesa que se sumerge en la vida de una familia, los Shelby, y las formas en que van escalando en la jerarquía social a pesar de que no son bien recibidos en las esferas que tocan. El personaje principal es Tommy Shelby y es él de quien quiero hablar. Aunque antihéroe, muchas de las decisiones que toma en su carrera pueden rescatarse como pequeñas lecciones que podemos recordar y aplicar en nuestro camino.

Sin más preámbulos, les comparto cinco cualidades de un emprendedor, según Thomas Shelby, por orden de los Peaky Blinders:

La importancia del word-of-mouth

En el primer capítulo de la primera temporada, Tommy lleva un caballo de carreras al barrio chino de Birmingham (la ciudad donde se desarrolla la mayoría de su historia). Ahí llama a una joven para que realice un conjuro que permita a su semental ganar la próxima carrera, y que la mayor cantidad de vecinos sea testigo del ritual. De regreso a su casa de apuestas —ilegal en ese momento—, reconoce que no cree en esas supersticiones, pero sus clientes sí. Cuando se corre el chisme de que el caballo de los Shelby tiene los favores de la magia, todo el dinero se juega a su favor. La estrategia es un éxito.

Por supuesto que eso sucede en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, en un pueblo pequeño de Inglaterra; ¿qué puede hacerse igual en una era en la que solo los que invierten más dinero en Facebook llegan a más personas? Todo se reduce a que, si deseamos que nuestra marca se distinga, tiene un mayor peso actuar que publicitar. Sí: invierte en anuncios, pero no olvides que si no hay nada qué mostrar a otros sobre tu trabajo y lo bien que lo haces, olvídate de dejar un impacto.

La publicidad de boca en boca, o word-of-mouth, trasciende más que un comercial con miles de likes. Sin magia china, simplemente con tu ingenio y las claras ventajas que tu empresa tiene para nuevos clientes.

No te duermas en tus laureles

Una vez que te enganchas con la serie —no es difícil: la producción, la música, los diálogos, los conflictos, todo es una gran lección de cómo se debe contar una historia— eres testigo del crecimiento y desarrollo de los personajes. Y sus negocios.

Cada temporada implica un reto distinto: ser los mejores en las carreras de caballos, tener el mejor bar de la ciudad, expandir su territorio en la mismísima capital del país, producir ginebra y automóviles dignos de exportación, crear una fundación que apoye a niños huérfanos… parece que no existe un rubro que no interese a Tommy. Y todas las decisiones que hace, aunque al inicio provoquen enojos y controversias entre sus socios y familiares —todos parte de Shelby Company Limited—, están dirigidas a diversificar su empresa.

No se trata únicamente de dinero o poder (en la serie sí, definitivamente), sino de abandonar la infame zona de confort. Conquistar, a veces probar al menos, nuevos horizontes es gasolina para la creatividad. Cada quien decide hasta dónde llegar, por supuesto. Sin embargo, la curiosidad y el impulso de hacer algo nuevo son lo que nos ayuda a mantenernos vivos, con el espíritu joven. Si además es parte de una estrategia de crecimiento, el gusanito aventurero te llevará a caminos insospechados. 

Reconoce el valor de tus colaboradores y de tu competencia

Tommy Shelby tiene el don de leer las intenciones de la gente que lo rodea y adelantárseles. Si sabe que hay un competidor que puede arrebatarle lo que se ha ganado, no lo menosprecia: lo investiga, aprende sus conductas, pregunta a los que lo conocen. Puede ser alguien grande o pequeño, eso es lo de menos. Lo que importa es tener todas las cartas de su lado en caso de que haya sorpresas.

Lo mismo hace con la gente que trabaja con él. En general es desconfiado, pero les ha dado el beneficio de la duda a aquellos que han probado una lealtad a pesar de que esta sea por miedo. Vamos a imaginar que podemos rescatar esta cualidad sin necesidad de inspirar temor entre los colaboradores: cambiémosla por respeto.

Si respetamos el trabajo de nuestros colaboradores, demostramos que lo que tomamos en cuenta no es su tiempo sino su valor. Cuando los contratamos no lo hicimos solo para que alguien se sentara en una silla vacía durante ocho horas; lo que buscamos es aprovechar lo que su talento aportará a nuestro proyecto. Aunque su papel no sea enorme, definitivamente es uno de los engranajes que mantienen la máquina en movimiento. Si no queremos que se detenga, hay que mantenerlos en buenas condiciones.

Por otro lado, nuestros competidores no son enemigos: son oportunidades. Para aprender de sus puntos fuertes y sus debilidades, para retarnos y encontrar ideas innovadoras que nos pongan en la delantera... incluso para crear alianzas. Hablar mal o despreciar el trabajo que hacen colegas del mismo gremio solo refleja nuestras propias inseguridades. Denostar a la competencia no nos hace más inteligentes, nos hace inmaduros.

Ser legítimo da seguridad a tus clientes (y tus trabajadores)

Cuando Tommy se impone en Birmingham como el apostador de carrera de caballos más poderoso, decide dejar atrás su etapa ilegal y conseguir una licencia para convertirse en una empresa reconocida a nivel nacional, meta que alcanza poco a poco.

Esto también implica que creará nóminas, prestaciones, pagará impuestos, justificará gastos e ingresos a su bóveda, por lo que, además de evitar las inspecciones sorpresa por parte de la policía, dará confianza y estabilidad a los que trabajan con él, incluyendo a su familia.

Es verdad que al comienzo de un negocio todo se trata de invertir sin ver mucho de regreso. Sin embargo, cumplir con estos requisitos que implican desembolsar (declaración de impuestos, pago de salarios, registro de empleados para sus prestaciones, etcétera) son las razones por las que llegarán más clientes —ante la seguridad de que los servicios prestados estarán respaldados de manera sólida— y talento humano que se sentirá protegido y, por lo tanto, con más razones para dedicarle su tiempo.

Que no te importe el qué dirán

Peaky Blinders es también una historia de idiosincrasias enfrentadas. Todos los personajes clave representan una clase social que está en constante lucha para mantenerse a flote, o para hundir a otros. Hay gitanos, comunistas, anarquistas, judíos, rusos otrora realeza, sacerdotes, políticos, caballeros y damas. Solo cuando es necesario se afianzan alianzas, pero duran poco.

Tommy y su familia son gitanos, por lo tanto deben lidiar con el desprecio de los que vienen de la alcurnia que los ve como parásitos. A pesar de ciertas humillaciones, el claro repudio al que es sujeta su familia, y los obstáculos que los más poderosos ponen a su crecimiento económico y social, a los Shelby no les importa. La presión que ponen otros puede ser intensa de vez en cuando, pero al final se mantienen fuertes en sus propios principios y códigos de ética. No intentan ser lo que no son, aunque ya aparentan otra cosa; siempre recuerdan de dónde vienen.

Suena algo simple, aunque yo mismo he notado que las ganas de encajar se imponen sobre nuestras raíces. Esto lleva a que neguemos orígenes, olvidemos qué es lo que nos trajo aquí en primer lugar y cuáles fueron esas metas —idealistas, muchas veces— que nos mantuvieron caminando cuando la corriente se volvía en nuestra contra. Nada vale tanto como para tirar por la borda la misma fibra de la que estamos hechos. Si tenemos fe en nuestro proyecto, lo que opinen otros es lo de menos.

Tommy Shelby no es, ni por asomo, perfecto. Pero sabe muy bien cómo llevar los negocios. Tomemos nota de esto, y divirtámonos en el proceso.

Por Mauricio Brizuela Arce
Presidente del Consejo de Administración y Socio Director de Salles Sainz Grant Thornton.

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